En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

14.06. Un nuevo legalismo y ascetismo

Con la propagación del antijudaísmo en la iglesia sobrevino una ola de antilegalismo, debido en parte a una tergiversación de ciertas declaraciones de Pablo:

"Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición" (2 Pedro 3:15-16).

Esto hizo que la iglesia, especialmente en el Occidente, estuviera lista para poner de lado el sábado semanal y para descuidar otras enseñanzas de las Escrituras. Esto duró en la iglesia el tiempo necesario para hacer daño.

Vino después una especie de neolegalismo que hizo que la iglesia observara de nuevo las festividades que ocupaban el lugar de los días de reposo anuales del Antiguo Testamento y que observara el domingo, primer día de la semana, en memoria de la resurrección.

Detalles rituales fueron añadidos a las ceremonias que se introdujeron en la iglesia, como se puede ver por el pasaje de Tertuliano ya citado, debido en parte a la presión de creencias tomadas del paganismo.

La iglesia tergiversó lo que Pablo dijo en 1 Cor. 7, y llegó a considerar el celibato como una demostración de consagración.

Diversas prácticas ascéticas proporcionaron a los cristianos fervientes una nueva norma para expresar su celo.

El ayuno se convirtió en algo necesario para la salvación.

Finalmente algunos entusiastas, insatisfechos con las iglesias, huyeron al desierto y se convirtieron en ermitaños que practicaban el celibato y otras formas de ascetismo. Llegaron a ser finalmente tan numerosos, que fue necesario organizarlos en comunidades. En esta forma el monasticismo, con todos sus males inherentes, se convirtió en una institución de la iglesia.

Debido a la presión del antijudaísmo, el sábado semanal gradualmente perdió su importancia.

Aún más rápidamente, se abandonó por completo la distinción entre alimentos limpios e inmundos.

Al convertirse los ancianos en sacerdotes e incorporarse muchas creencias del paganismo se produjo una nueva estructura, y el cristianismo perdió de tal manera su naturaleza original y su carácter, que si los apóstoles hubieran resucitado, difícilmente habrían podido reconocer el sistema que ayudaron a fundar.

En su estructura oficial y en su naturaleza general, el cristianismo llegó a ser alrededor del año 400 poco más que un culto de misterio pagano.

En lo que sucedió a la iglesia primitiva con el Estado y con la sociedad, hay lecciones de advertencia para la iglesia actual.