En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

11.01. EL DÍA DE REPOSO

Ni los escritores inspirados del Nuevo Testamento ni los escritores del siglo II se ocupan particularmente del día propio para el culto de los cristianos.

Es cierto que Pablo amonesta a los cristianos de origen judío que no olviden de reunirse (Heb. 10:25); pero en este lugar de sus escritos Pablo no se refiere a ningún día de observancia especial.

Mientras estuvo en la tierra Cristo asistía a la sinagoga (Mat. 13:54-58; Mar. 1:21-29; 6:16; Luc. 4: 16-38). Su presencia en la sinagoga en el día sábado era un acto que formaba parte de su culto personal, de "su costumbre"; no iba allí meramente porque buscaba una oportunidad de instruir a los judíos. Esto es evidente por su estilo de vida y por los hechos del relato evangélico.

El hecho de que Jesús hiciera en sábado cosas desagradables para los dirigentes judíos, como la curación de enfermos y el negarse a reprender a sus discípulosporque recogieron manojos de espigas en el día de reposo, de ningún modo se debió a que menospreciase el sábado. Cristo actuaba así para inducir al pueblo judío a que abandonara las irrazonables prácticas tradicionales que convertían la observancia del sábado en una carga.

De acuerdo al relato evangélico, Jesucristo murió poco antes de la puesta del sol que indicaba el comienzo del sábado, descansó en la tumba el sábado y resucitó temprano el primer día de la semana. Sin duda era el plan divino que descansara en la tumba durante el sábado de esa última memorable semana. Y mientras reposaba en la tumba, sus seguidores observaron el sábado "conforme al mandamiento" (Luc. 23:56).

El apóstol Pablo menciona una y otra vez que en las ciudades en donde se encontraba en sus viajes misioneros iba a la sinagoga en el día sábado. Sin duda lo hacía no sólo para evangelizar sino también para rendir culto.

En su primer viaje misionero, cuando en Antioquía de Pisidia asistió a la sinagoga en sábado, habló a los que estaban allí, y después los gentiles de la ciudad pidieron que les predicara en la sinagoga el sábado siguiente, lo cual hizo (Hech. 13:14-16, 42-44).

En Tesalónica, en su segundo viaje misionero, "Pablo, como acostumbraba, fue a ellos [los judíos], y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras" (Hech. 17:23).

En Corinto, donde Pablo permaneció 18 meses, se ganaba la vida trabajando en su oficio, fabricando tiendas, junto con sus compañeros, Aquila y Priscila (Hech. 18:23). Es imposible pensar que Pablo, viviendo con judíos, trabajara en día sábado mientras estuvo allí. Al contrario, se declara que "discutía en la sinagoga todos los días de reposo" (vers. 4), hasta que se retiró (vers. 7) debido a la oposición de los judíos frente a su evangelismo. Es completamente razonable creer que Pablo después de su expulsión de la sinagoga, continuó observando el sábado como antes.

Los escritores de los Evangelios sólo mencionan el sábado como el día semanal de culto. Juan dice de sí mismo que estuvo en el Espíritu en el "día del Señor" (Apoc. 1:10), y el sábado es el día del cual Jesucristo es Señor (Mat. 12:8; Mar. 2:28). Este es el "día santo" del Señor (Isa. 58:13) y el día de reposo del Señor de los Diez Mandamientos (Exo. 20:10).

Además, el autor del Evangelio de Juan, que escribió también el Apocalipsis, no reconocía sino un solo día semanal santo, el sábado. El único otro día que menciona Juan se conoce con el sencillo nombre de "primer día de la semana" (cf. Juan 5:1-9 y Juan 9:6-14 con Juan 20:1, 19). Como Juan escribió el Evangelio alrededor del mismo tiempo en que escribió el Apocalipsis, o quizá después, tuvo amplia oportunidad para dar al primer día de la semana un título especial, y aun decir que debía ser observado especialmente por los cristianos; pero no lo hizo.

El hecho de que los escritores del Nuevo Testamento no discutan sobre cuál día debe guardarse, es la mejor evidencia posible de que no había duda en sus mentes en cuanto a esto.

Los cristianos guardaban el sábado, séptimo día de la semana, durante el tiempo de los apóstoles. Hay abundantes pruebas de que muchos de ellos lo guardaron durante siglos.