En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

27.10. Restauración de los Estuardos

Después de la muerte de Cromwell en 1658, el país cayó en la anarquía, y la restauración de la dinastía de los Estuardos fue inevitable.

Carlos II (1660-1685), el "rey alegre", hijo del decapitado Carlos I, sintió mucho la influencia de la diplomacia católica. Admiraba e imitaba a Luis XIV de Francia.

Procedió contra los puritanos mediante el Acta de Uniformidad (1662) que dio como resultado el destierro y el encarcelamiento de miles de puritanos. Por el Acta de Prueba (1673) se aprobó únicamente la profesión de la fe anglicana.

Jacobo II (1685-1688), hermano de Carlos II, lo sucedió en el trono. Aunque Jacobo II era católico romano profeso, el parlamento, con una mayoría "tory" en ese tiempo, no tomó ninguna medida represiva. Sin duda esto se debió, en gran medida, al hecho de que las dos hijas del rey, María y Ana, eran protestantes.

Pero en 1688 le nació un hijo, Jacobo, que recibió el bautismo católico, lo cual hizo evidente que se iba a perpetuar el catolicismo romano. La comprensión de esto produjo un cambio incruento de gobierno, generalmente llamado la "Revolución gloriosa", que colocó en el trono a Guillermo de Orange y a María Estuardo.

La principal consecuencia de la Revolución gloriosa fue que el parlamento promulgó la Ley de Derechos en 1689.

Jacobo II había huido a Francia, y María y su consorte Guillermo de Orange, el estatúder de Holanda (jefe supremo de la antigua República de los Países Bajos), gobernaron como soberanos protestantes, constitucionales.

La Ley de Derechos declaró ilegales muchas de las medidas del gobierno de Jacobo II y determinó que jamás un católico romano podría portar la corona de Inglaterra.

La ley concedía libertad religiosa parcial a diversas confesiones protestantes. No se concedía libertad de culto a los católicos ni a los socinianos, y ninguno podía ejercer un cargo público ni matricularse en una universidad si no pertenecía a la comunión anglicana. El casamiento y el bautismo sólo serían válidos si eran impartidos por un sacerdote anglicano.