En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

27.04. Los puritanos combaten el absolutismo real

Con la muerte de Isabel Tudor, una nueva dinastía ocupó el trono inglés: los Estuardos de Escocia.

Jacobo VI de Escocia, hijo de María Estuardo, se convirtió en rey de Inglaterra con el nombre de Jacobo I (1603-1625).

Desde el comienzo atacó por igual a los católicos y a los protestantes extremistas. En 1604 ordenó el destierro de los sacerdotes, y el parlamento confirmó las leyes de Isabel contra los católicos.

Finalmente esto resultó en la famosa "Gunpowder Plot" (conspiración de la pólvora), que fue un intento para eliminar al rey y a la Cámara de los Lores. El descubrimiento de ese complot despertó un gran sentimiento anticatólico, lo que condujo a medidas todavía más represivas contra los católicos.

Los presbiterianos se oponían a la forma episcopal de gobierno de la iglesia y a la idea del derecho divino de los reyes. El rey estaba determinado a que el pueblo inglés se ciñera a la Iglesia Anglicana establecida.

La actitud del rey lo único que logró fue aumentar el rigor y el dogmatismo de los puritanos, quienes favorecían una estricta observancia del domingo, la lectura de la Biblia, los servicios religiosos en los hogares, e insistían en la pureza de las costumbres.

Entre los puritanos, en los días de Jacobo I, había varias facciones:

(1) los presbiterianos, que preferían un gobierno eclesiástico mediante un cuerpo de presbíteros o ancianos regularmente elegidos;

(2) los independientes, que insistían que en la iglesia, como una comunidad de creyentes, debía predominar la libre voluntad y la libertad, pues consideraban que el gobierno eclesiástico debía residir en la parroquia o congregación;

(3) los bautistas, que procedían principalmente de los independientes, defendían el bautismo de los adultos por inmersión, considerando que el bautismo de las criaturas era incompatible con las verdaderas creencias y prácticas cristianas.