EL DIOS QUE YO CONOZCO

En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

27.01. Establecimiento de la Iglesia Anglicana

Enrique VIII (1509-1547) dio varios pasos decisivos: se proclamó como único jefe de la Iglesia anglicana, y más tarde disolvió los monasterios.

El rey permaneció católico romano en doctrina y liturgia y aplastó toda oposición: los católicos eran ahorcados por traición y los protestantes por herejía.

Su hijo,Eduardo VI (1547-1553) fue más favorable hacia el protestantismo. Líderes protestantes fueron invitados para ir del continente europeo a Inglaterra, y bajo la dirección de Tomás Cranmer, el Libro de oración común mostró en dos ediciones sucesivas (1549, 1552) una marcada tendencia hacia las enseñanzas protestantes.

La sucesora de Eduardo VI, María Tudor (1553-1558) era una católica ferviente como su madre Catalina de Aragón; fue animada en sus empeños por su esposo, Felipe II de España, el hijo del emperador Carlos V.

Varios centenares de líderes protestantes fueron ejecutados en los campos de Smithfield, cerca de Londres. Entre ellos Cranmer, Ridley, Hooker, Rogers,etc.

Durante su reinado muchos protestantes escaparon y encontraron refugio en el continente europeo, en Francfort, Estrasburgo, Ginebra y diversas ciudades alemanas. Con el advenimiento de Isabel I (1558-1603) el protestantismo recuperó vigor en Inglaterra.

Muchos de los exiliados del período de María Tudor regresaron y trajeron consigo la convicción de que aunque la Iglesia Anglicana era la iglesia reconocida de Inglaterra, sus reformas doctrinales no habían ido suficientemente lejos.

La reina Isabel estaba inclinada a la ostentación y a la pompa en la iglesia. Era protestante en doctrina, pero introdujo en la liturgia anglicana y en sus ritos muchas prácticas que desagradaban a los reformadores ingleses; sin embargo, el elemento puritano ganaba más y más importancia y exigía un cambio a una forma de culto más sencilla y menos sacerdotal.

Para definir la doctrina de la iglesia se promulgaron en 1571 los "treinta y nueve artículos de fe", una modificación de los "cuarenta y dos artículos" del reinado de Eduardo VI. Se exigía que todos los sacerdotes y ministros se sometieran a ellos.

La Iglesia Anglicana fue defendida por eruditos eminentes como John Jewel, obispo de Salisbury, quien escribió la Apologia pro Ecclesia Anglicana (1562), la primera presentación metódica de la posición de la Iglesia de Inglaterra frente a la Iglesia de Roma.

Aún más notable fue la obra de Richard Hooker, Of the Laws of Ecclesiastical Polity (1594, 1597). Hooker se definió contra el catolicismo y también contra los presbiterianos puritanos. Opinaba que la forma de gobierno episcopal era la mejor para la Iglesia de Inglaterra. Veía a la iglesia y al Estado como dos aspectos de la misma nación, y ambos debían estar bajo el gobierno directo del soberano.

Durante el reinado de Isabel I hubo un reavivamiento católico romano presidido por el cardenal William Allen (1532-1594), graduado en Oxford. No quiso prestar el juramento de fidelidad a Isabel, y más tarde viajó a Roma.

En 1568 fundó un seminario en Douai, en el Flandes español, al otro lado del canal de la Mancha y fácilmente al alcance de los católicos ingleses. Allí fueron preparados muchos misioneros ingleses que regresaron a su país natal. Allí se preparó una traducción de la Biblia de origen católico: la versión Douai-Reims. El NT fue publicado en Reims en 1582, y el AT, en dos tomos, en Douai, en 1609.

Los católicos ingleses tenían grandes esperanzas y usaron toda suerte de tretas e intrigas, algunas de las cuales giraban en torno de María Estuardo (1542-1587), reina de Escocia, quien por motivos de consanguinidad reclamaba el trono de Inglaterra.