En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

14.05. La expiación

La expiación también fue mal comprendida.

Se la envolvió en una atmósfera de magia. La gente llegó a pensar que los emblemas de la Cena del Señor estaban investidos de una especie de poder mágico.

Pronto se creyó que la presencia de Cristo en los emblemas impartía el poder de Cristo mismo a los participantes. Apareció después la enseñanza de la "presencia real" que Cristo está personalmente en el pan y en el vino, y así fácilmente surgió la doctrina de la transubstanciación: que el pan y el vino se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, no sólo en apariencia exterior sino en su naturaleza intrínseca.

Los emblemas se habían convertido en un sacrificio, y Cristo era nuevamente ofrecido como la ofrenda por el pecado.

Los ancianos se transformaron en sacerdotes, necesarios para cumplir la función sacerdotal de ofrecer nuevamente a Cristo.

El bautismo llegó a ser un rito que salva a los niños, quienes, según se creía, habían heredado la culpa de sus padres. Para administrar este rito con propiedades salvadores se necesitaba otra vez un sacerdote.

La comprensión errada de la expiación y de los ritos que la representaban, hicieron posible el establecimiento de un sacerdocio humano que de una manera blasfema ocupó el lugar, en la creencia de la gente, del sacerdocio de Jesucristo en el santuario celestial.