En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

13.11. Comportamiento de la iglesia frente al Estado

Al examinar el comportamiento de la iglesia frente al Estado durante los siglos cuando el cristianismo era una religión ilícita, sin reconocimiento oficial en la sociedad, debe recordarse que en esos años la iglesia no buscaba su afianzamiento material en el mundo, como lo enseñó después San Agustín, sino un lugar en el reino de los cielos, con Jesucristo como Gobernante.

Por lo tanto, el comportamiento de los cristianos era de una paciente resignación hasta que Cristo los rescatara. Es cierto que la significativa declaración de Cristo: "Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios" (Mat. 22: 21) rara vez se encuentra en los escritos de los autores cristianos de los primeros siglos; sin embargo, aplicaban esta admonición a su relación con el imperio.

Pablo exhortó a la iglesia en el mismo sentido, cuando escribió: "Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo... Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios" (Rom. 13: 16).

Pedro dice: "Honrad al rey" (1 Ped. 2: 17).

Por lo tanto, aun cuando su religión era ilegal, los cristianos procuraban vivir como buenos ciudadanos en un ambiente hostil, aplicando todos los días la ética manifestada en la vida de Jesús y contenida en el ejemplo y en las enseñanzas de los apóstoles. Ganaron buena reputación por la pureza de su vida y por su bondad para con sus prójimos. El gobierno odiaba y finalmente llegó a temer más y más al cristianismo, pero el pueblo apreciaba cada vez más la clase de vida manifestado por los cristianos.

Cuando eran arrastrados ante los tribunales, al responder la pregunta de los Jueces, con frecuencia los cristianos sencillamente contestaban: "Soy cristiano", e iban a la muerte sonriendo en medio de sus sufrimientos, amonestando a los otros cristianos para que fueran fieles y exhortando a los paganos que presenciaban la escena para que siguieran a Jesucristo, su Señor y Maestro. Los cristianos que presenciaban la muerte de tales mártires permanecían admirablemente fieles, y Tertuliano pudo decir: "La sangre de los cristianos es semilla" (Apología 50). Una innumerable cantidad de mártires cristianos murió porque Cristo había dicho: "Dad... a Dios lo que es de Dios".

Pedro había afirmado:
"Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hech. 5:29).
"Si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis" (1 Ped. 3: 14).
"No os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo... Si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello" (1 Ped. 4: 12-16).

Pablo sabía por experiencia propia lo que era vivir una vida consecuente para Cristo. Ha dejado una lista para la posteridad de sus primeros sufrimientos por causa de su Señor:

"¿Son ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo.) Yo más; en trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez" (2 Cor. 11:23-27).

Por principio, los cristianos eran ciudadanos cumplidores de la ley, siempre que las autoridades les indicaban lo que era su deber hacer. Pero cuando se les exigía negar a Cristo, participar de un culto falso y vivir la clase de vida que hubiera significado apostatar de los principios cristianos, en la mayoría de los casos se mantenían firmes de parte de lo correcto. Escogían obedecer a Dios antes que a los hombres y, como resultado, sufrir azotes, encarcelamiento o muerte. La disyuntiva era muy clara y las consecuencias seguras: muerte aquí, pero vida eterna con Cristo.