En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

13.07. Empleo de disposiciones legales

La primera disposición claramente legal contra los cristianos, decretada por un emperador romano, fue expedida por Trajano (98-117 d. C.).

Plinio el Joven, amigo y protegido de Trajano, era gobernador del Ponto, en la costa sur del mar Negro. Plinio estaba muy preocupado por la propagación del cristianismo en su provincia. Los templos paganos se descuidaban; los que comerciaban con animales para los sacrificios y con materiales para el culto de los templos se quejaban de que su negocio sufría muchísimo; por eso Plinio comenzó a ocuparse de los cristianos. Hacía dar muerte a los que estaban dispuestos a admitir que pertenecían a esa fe.

Para asegurarse de su conducta, escribió a su amigo el emperador y le pidió que aprobara lo que estaba haciendo. La carta de Plinio se halla en la colección de sus escritos (Cartas x. 96).

En esa carta presenta una interesante descripción del culto cristiano, a lo que ya se ha hecho referencia, y después cuenta cómo había estado tratando a los cristianos. El supplicium, la pena capital romana, había caído sobre ellos.
Trajano escribió su respuesta (Plinio, Cartas x. 97) para aprobar lo que su representante había hecho en el Ponto.

Pero el emperador, que por lo general era bueno y justo, estipuló que nadie debía ser muerto por ser cristiano a menos que reconociera sin ambages que lo era, o a menos que hubiera suficientes testigos que probaran que lo era.

No debía ser condenado por meros rumores, sino que debía haber quienes testificaran contra él para que el testimonio fuera válido. Esta disposición legal no era otra cosa sino la aplicación de los poderes ordinarios de la policía común a un problema de la sociedad.

Trajano no se proponía desatar esa persecución; pero como los cristianos no tenían lugar en la sociedad, debían ser eliminados. Si no se hacía eso, podrían convertirse en un verdadero peligro.

Plinio informó que su método para tratar a los cristianos había tenido éxito y que había recomenzado el culto en los templos paganos.
Esta disposición policial ordenada por Trajano continuó como una norma del Imperio Romano durante los 150 años siguientes.

Fue más bien un desdeñoso modo de actuar, porque el gobierno romano todavía no había llegado al punto de tomar en serio al cristianismo como un movimiento. Por esto, los cristianos fueron perseguidos durante los reinados de los emperadores Antonino Pío (138-161 d. C.) y Marco Aurelio (161-180 d. C.) que, en otros sentidos, fueron benévolos.

Estas persecuciones se efectuaron en parte mediante la violencia propia de las turbas, con frecuencia por instigación de los judíos, y en parte debido al celo pagano de gobernantes locales, pero con el conocimiento y el consentimiento de los emperadores.