En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

9.04. LA CENA DEL SEÑOR - I

Una evolución paralela tuvo lugar en el caso de la Cena del Señor.

La comida de confraternidad se practicaba tanto entre los judíos como entre los paganos.

Se pedía que los hebreos emplearan las ofrendas de paz en una comida tal.

La cena pascual era una comida cuyos ingredientes estaban estrictamente prescritos y de ella participaba el grupo familiar, o un grupo de amigos que habían ido juntos a Jerusalén para la fiesta.

Cuando se acercaba la última pascua del ministerio de Jesús, él expresó su deseo de comerla con sus discípulos (Luc. 22: 15). Se hicieron los preparativos para tal fin, y la noche del jueves de la semana de la crucifixión, la víspera o comienzo de la parte oscura del 14 de Nisán, Jesús comió la pascua con sus discípulos.

Probablemente al comienzo de la ceremonia, Jesús lavó los pies de sus discípulos. Luego estableció la Cena del Señor. Tomó el pan sin levadura, plano y delgado, de la cena de la pascua judía, y la copa que contenía el "fruto de la vid", como los evangelistas invariablemente llaman a la bebida de la cena, y compartió esos elementos de la comida con sus discípulos.

De acuerdo con la información proporcionada por el apóstol Pablo (1 Corintios 11: 23-26), Cristo los instruyó para que participaran del pan y del "fruto de la vid" como una representación de su cuerpo herido mortalmente cuando llevó los pecados del mundo, y de la sangre que derramó al morir por los hombres.

Esos emblemas deberían anunciar la muerte de Cristo hasta que él volviera por segunda vez. Sin embargo, se introdujeron cambios extraños.

Veinticinco años después de la muerte de Jesús puede verse que ya se había convertido en una costumbre, por lo menos en Corinto, que los miembros de la iglesia llevaran a esas reuniones alimento y vino para comer y beber (1 Corintios 11:20-21).

Pablo reprendió a los corintios por su exclusivismo y egoísmo manifestados en esos festines.

La fiesta que acompañaba a la Cena del Señor era llamada αγαπη [agapê], o fiesta de amor.

Judas se refiere a ella (vers. 12) y al mismo tiempo indica que había elementos adversos en la fiesta de amor. El reproche de Judas y la crítica de Pablo en cuanto a la fiesta de amor, y quizá el sentimiento cristiano en general acerca de los abusos, sin duda hicieron que esta característica del rito se esfumara de la práctica de la iglesia, y sólo quedara la sencilla Cena del Señor.

A comienzos del siglo II se usa en las epístolas de Ignacio (A los filadelfos 4; A los esmirnenses 7-8) la palabra griega ευχαριστια [eucharistia], "acción de gracias", para la Cena del Señor.

De este vocablo deriva "eucaristía", nombre específico para la Cena del Señor.