En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

3.04. Los ancianos

Es evidente que en cada congregación había varios ancianos. El ejemplo del nombramiento de "los siete varones" en Jerusalén (Hechos 6) lo demuestra, y también el hecho de que Pablo no mencione un anciano sino "ancianos" en cada congregación (Hech. 14: 23; Tito 1: 5).

En el Nuevo Testamento hay dos palabras que describen el cargo de anciano:

Una es πρεσβυτερος [presbuteros], "anciano", lo que indica una categoría de dignidad y respeto, y que corresponde con nuestra palabra "presbítero”.

El otro título es επισκοπος [episkopos], que significa "que mira desde arriba", "superintendente", y que se ha traducido "obispo". Comparando Hechos 20: 17 con el vers. 28, y también por la forma en que se emplea la palabra en Tito 1: 5-9, se ve que ambos vocablos presbuteros y episkopos se aplican indistintamente al cargo de anciano.