En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

1.03. La iglesia


Jesús, como fundador de un movimiento, dijo sólo lo indispensable para que la posteridad leyera en cuanto a su iglesia que él mismo fundó. El escritor evangélico hace equivaler la palabra probablemente aramea que Jesús usó con la palabra griega εκκλησια (ekklêsia), "iglesia", que viene de una raíz que significa "llamar fuera".

La palabra εκκλησια (ekklêsia) se usaba para referirse a las asambleas de ciudadanos en los gobiernos de las ciudades-estados de Grecia. En la LXX adquiere un significado religioso como la "congregación" de Israel, y en el Nuevo Testamento se aplica a la asamblea espiritual de los santos de Cristo. La sólida e íntima comunión entre sus miembros que hizo de la iglesia una organización, se puede ver cuando Cristo le encomendó un programa de servicio.

Cristo dijo que él edificaría su iglesia, y que su construcción sería levantada por medio de hombres de fe sincera en él como el Hijo de Dios, hombres que confesarían su nombre:

"El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mateo 16: 15-19).

Esto implicaría necesariamente la misión de enseñar y la consiguiente recepción en la comunión de la iglesia de los que aceptaran la predicación de la Palabra. Cristo entretejió en sus enseñanzas generales los detalles del proceso de la formación de su iglesia.

La iglesia debía poseer autoridad. El miembro de la asamblea de los santos que rechazara la oportunidad de ser reconciliado con sus hermanos, debía ser expulsado, y la excomunión contaría con la aprobación del cielo y concordaría con las decisiones del cielo:

"Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo" (Mateo 18: 15-18).