En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

30.08. Teología moderna

Federico Schleiermacher (1768-1834), al que a veces se ha llamado "padre de la teología moderna", enseñaba que, por encima de todo lo demás, el cristianismo es una forma de vida y que la piedad es la mejor fuente de la enseñanza cristiana.

Alejandro Vinet tuvo una influencia similar en la teología francesa. Al igual que Pascal, Vinet se refería a la conciencia como la esencia del cristianismo. El radicalismo teológico -la escuela de Tubinga- prefirió el método histórico-crítico en el estudio de la Biblia y su fundamento.

Fernando Cristián Baur (1792-1860) se esforzó por establecer las fechas de los escritos del Nuevo Testamento.

David Federico Strauss (1808-1874), en su primera Vida de Jesús (1835) presentaba la historia del Evangelio como un mito creado por la imaginación de los primeros cristianos y condicionado por profecías y esperanzas mesiánicas.

En Francia, Ernesto Renan (1823-1892) describió la poderosa personalidad de Cristo; pero Renan veía en Jesús a un visionario que no era sino creación y víctima de su tiempo (Vida de Jesús, 1862).

En el siglo XIX se publicó un gran número de otras " vidas de Jesús" que siguieron el método histórico o racional.

La alta crítica consideraba que la Biblia no era diferente de cualquier otro libro, y al negar el hecho básico de la revelación divina analizaba las Escrituras como lo hubiera hecho con un texto cualquiera.

El liberalismo del siglo XIX fue una revolución contra el despotismo del Estado y una consecuencia natural del racionalismo.

Fue una época en que surgieron numerosas iglesias libres. Hubo también un despertar religioso, evangélico, según el cual debía hacerse caso a la conciencia y a los sentimientos.

Las dos corrientes -el liberalismo y el evangelicalismo- se opusieron al control del Estado sobre la iglesia.