En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

30.02. Racionalismo y deísmo - II

Las ideas de Henry St. John Bolingbroke (1678-1751) fueron completamente opuestas a las de Newton.

Despreciaba todas las sectas que eran el producto del entusiasmo, el fraude y la superstición; pero concedía al cristianismo el derecho de tener una verdad racional. Como defensor de la libertad de pensamiento, apoyaba que hubiera una iglesia oficial en bien de los intereses del Estado y de la moral pública.

Fue aún mayor la influencia de David Hume (1711- 1776), cuya crítica deísta emancipó al método científico del concepto de deidad adquirido mediante la razón. Hume estaba en contra de demostrar la religión por otros medios que no fueran los racionales, y por eso dirigió su crítica contra los milagros. Admitía la posibilidad de que hubiera casos milagrosos, pero afirmaba que existía una posibilidad de error de parte del observador o del historiador.

Entre los incrédulos, los que rechazan el concepto cristiano de la salvación, se destacaba Eduardo Gibbon (1737-1794), cuya Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano es un intento de presentar en forma digna y pragmática el surgimiento del cristianismo.

Los principios fundamentales del deísmo estuvieron sometidos en el siglo XIX a la influencia del escepticismo, el pesimismo y el panteísmo; pero los conceptos de la llamada religión natural en gran medida retuvieron su antiguo carácter.

El deísmo tenía muchos aspectos. Los deístas creían generalmente en un Dios que creó la célula original de la vida. Pensaban que el Dios del universo, el gran Arquitecto y "relojero", hizo las leyes universales que concuerdan con la razón. Afirmaban que todas las prácticas y creencias que no pueden ser entendidas o sostenidas por la razón deben ser descartadas como superstición, pero que habían sido usadas por el clero para sacar provecho de ellas.

Los deístas rechazaban la creencia de que Dios revela alguna vez su voluntad a los hombres; aceptaban a Dios como creador, pero negaban que mantuviese alguna relación con sus criaturas. En vista de que la revelación natural es suficiente, afirmaban, la Biblia y la revelación de Jesús no son necesarias para llevar al hombre a la felicidad y a la salvación.