EL DIOS QUE YO CONOZCO

En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

25.01. Primeras experiencias de Martín Lutero - I

En varios lugares surgieron simultáneamente movimientos tendientes a una ruptura con Roma y a la liberación de la conciencia.

Las raíces del protestantismo se remontan a la iglesia primitiva, a Agustín, a los valdenses, a los predicadores místicos y a las sectas místicas de la Edad Media, a Wyclef y a Juan Hus. Pero por sobre todo, la enseñanza protestante tiene sus raíces en la Biblia, especialmente en las epístolas de Pablo.

Martín Lutero, el más destacado de todos los reformadores, nació en Eisleben, Alemania, el 10 de noviembre de 1483.

Sus padres fueron personas laboriosas y estrictas en la educación de sus siete hijos. Martín fue criado en un típico hogar cristiano alemán.

El temor de Dios y la creencia en la realidad de los ángeles y de los demonios lo afectó profundamente.

Aprendió a conformarse estrictamente con las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana. Vivió como un campesino, y retuvo toda la vida ese lenguaje y temperamento. Era robusto, diligente, brillante, y se lo consideraba como un excelente estudiante.

Sus estudios se amoldaron al modelo común en la Edad Media. Asistió a la famosa Universidad de Erfurt, donde se educó con maestros que eran discípulos del famoso Guillermo Occam, es decir, los modernistas de esa época. Occam había enseñado que el cristianismo no puede ser demostrado por la razón sino que debe ser aceptado por fe conforme a la autoridad de las enseñanzas de la iglesia.

Sin duda Occam ejerció alguna influencia en los comienzos de los estudios de Lutero; pero más tarde éste se volvió contra esos "porcunos teólogos", como él los llamaba. Después de recibir su título de magister, comenzó a estudiar leyes en armonía con los deseos de su padre.

Dos meses más tarde, en julio de 1505, súbitamente anunció su decisión de hacerse monje. Como se impresionaba muy fácilmente, fue aterrorizado por un rayo, y ante la amenaza de muerte le prometió a Santa Ana que se haría monje si le salvaba la vida. Aunque la decisión fue súbita, su temperamento nervioso y su conciencia sensible lo habían preparado para dar ese paso.

En Erfurt fue víctima de sus primeros accesos de depresión, que fueron más frecuentes en la última parte de su vida. Entró en uno de los monasterios de los agustinos de Erfurt. Es significativo que se hiciera discípulo de Agustín, de quien se afirma que procede una gran parte de la teología protestante. Como Lutero mismo afirmó, fue llevado al monasterio y no atraído a él.

Sus amigos estaban sorprendidos y su padre sumamente disgustado porque ese hecho lo privaba de su acariciada esperanza de que su hijo fuera el amparo de su vejez. Pero Martín Lutero había hecho un voto a Santa Ana, y a propósito eligió una orden donde se exigía estricta disciplina, pues en ese tiempo sólo eso parecía prometer paz para su mente y salvación para su alma.

Pero la vida monástica no le proporcionó ni paz en el alma ni la convicción de haber recibido la salvación. Staupitz, el vicario general para Alemania, le ordenó que estudiara teología, y en 1507 fue ordenado como sacerdote.

Cuando celebró su primera misa se sintió tan aterrorizado ante la idea de entrar en la misma presencia de Dios, que, como lo dijo más tarde, estuvo a punto de salir corriendo. Siguieron muchos meses de angustia en su alma. Con frecuencia se refería a ese período de ansiedad en el monasterio describiendo sus angustiosos terrores, especialmente cuando disertaba sobre Gálatas.

Ayunaba con frecuencia, oraba con fervor, se mortificaba el cuerpo, se confesaba largamente cada día, y sin embargo no lograba la seguridad de la salvación, hasta que al fin su angustia se volvió insoportable.