En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

17.04. La cuarta cruzada

La cuarta cruzada (1202-1204), que siguió poco después de la tercera, fue de todas, excepto la primera, la que tuvo más éxito en cuanto al objetivo al cual fue dirigida; pero también fue la que trajo más funestas consecuencias.

Esta cruzada, concebida y financiada por la poderosa y mercantil república de Venecia, se apartó de la meta original en Palestina y atacó a otro Estado cristiano: el Imperio Romano de Oriente, cuya capital era Constantinopla.

La cuarta cruzada tuvo lugar durante el pontificado del papa Inocencio III (1198-1216), uno de los papas más inteligentes y destacados.

No se puede dudar de que el papa sabía que esta cruzada finalmente atacaría a Constantinopla; lo que no se puede saber con certeza es si él dio su consentimiento.

Los ejércitos occidentales tomaron a Constantinopla en 1204, algo que los turcos no habían podido hacer, y el Imperio Romano Griego se convirtió por un tiempo en un reino latino.

Hubo posteriormente otras cruzadas, todas las cuales significaron fracasos; pero ninguna fue tan desdeñable como ésta. No proporcionó ninguna ganancia verdadera al Occidente, y debilitó de tal manera al ya desfalleciente Imperio de Oriente, que en 1453, 250 años después, Constantinopla, el último bastión cristiano en el Oriente, cayó en manos de sus enemigos islámicos, esta vez los turcos otomanos; y Constantinopla se convirtió en la capital del islamismo.

En respuesta, 40 años más tarde, en 1492, los españoles expulsaron de España a los últimos moros.