En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

16.17. El monasticismo

Los cinco siglos que comienzan a partir de mediados del siglo VI han sido llamados "la edad monástica", porque los miembros de las órdenes religiosas llegaron a representar un segmento grande e influyente en la sociedad.

Los monasterios prepararon dirigentes que ejercieron una influencia moduladora en Europa y ayudaron a fortalecer el papado. Monasticismo significa vivir solo o aislado.

Este enclaustramiento se ha practicado desde antes del establecimiento del cristianismo; generalmente lo buscan aquellos que desean cultivar la vida íntima en reclusión y ascetismo.

En la Edad Media comenzó a ser practicado por individuos que se apartaban de la sociedad en un intento por practicar el cristianismo en un plano más elevado del que se esperaba de los miembros corrientes de la iglesia.

En el siglo IV ya algunos comenzaron a apartarse a los desiertos, pero no tanto para huir del mundo como de las iglesias que, según ellos, se habían mundanalizado; al comienzo se retiraron cerca de Alejandría, Egipto, y pronto en otros lugares.

Los ermitaños llegaron a ser en poco tiempo tan numerosos, que se juntaban en comunidades y comenzaron a establecer reglas de conducta, con horas fijas para la devoción, las comidas, el estudio y el trabajo.

Estos monjes pronto constituyeron un poderoso ejército, el cual la iglesia fue suficientemente sabia como para retener dentro de su esfera de influencia antes que perderlos calificándolos de cismáticos.

El movimiento monástico se extendió rápidamente en el cristianismo, apartando a muchos hombres de la vida económica, social y familiar. Se extendió en el Occidente latino, y en el siglo VI Benito (Benedicto) de Nursia redactó un reglamento monástico práctico, adaptado a las condiciones occidentales.

Andando el tiempo se fundaron a lo largo y ancho de Europa occidental numerosos monasterios que seguían el reglamento de Benito (benedictino); sin embargo, este reglamento era virtualmente el único vínculo entre ellos, pues cada monasterio era autónomo.

Los votos de pobreza, obediencia y celibato debían, presumiblemente, ser mantenidos por todas las órdenes. Su influencia se hizo sentir más allá de los claustros, no sólo en la enseñanza religiosa, sino también en los círculos administrativos, económicos y políticos.

Puede decirse en términos generales que fue casi únicamente en los monasterios y bajo el cuidado de los monjes, en donde se conservó la luz del conocimiento y se protegió la literatura antigua por el trabajo de los monjes copistas.

Pero el aumento de la influencia, la riqueza y el poder produjo abusos y corrupción entre los monjes y los clérigos, lo cual hizo necesarias las reformas introducidas por la orden cluniacense (Cluny) y otras más.