En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

16.11. Las invasiones de los bárbaros - II

En el siglo V, antes de que los lombardos entraran en Italia (568), muchos germanos de las diversas tribus del norte se habían convertido en auxiliares del ejército romano que estaba en las proximidades de Roma. Odoacro, un caudillo de esas tribus germánicas, fue nombrado general de los auxiliares.

El emperador Nepote fue enviado al exilio en el año 475, y Orestes, el rebelde vencedor, dio el trono imperial a Rómulo Augústulo, hijo de Nepote, de 14 años de edad. Orestes provocó un motín entre sus mercenarios porque no accedió a la petición de ellos de que se les entregara un tercio de Italia.

Entonces Odoacro se hizo cargo de la situación; el 23 de agosto de 476 fue proclamado rey, y Orestes fue encarcelado y decapitado. Augústulo fue depuesto del trono, pero se le preservó la vida. Esta revolución, que ocurrió en el año 476 d. C., suele considerarse como el punto final del Imperio Romano de Occidente.

Debe destacarse que Odoacro no pretendió ser emperador, ni tampoco lo hizo ninguno de los reyes germanos de esa época. Odoacro tomó las diversas insignias del gobierno imperial que encontró en Roma, y las envió a Constantinopla con el mensaje de que él no las usaría ni tampoco ningún otro, pues no habría otra vez nadie que gobernara como emperador en el Occidente.

Desde entonces el emperador de Oriente fue el gobernante nominal de todo el Imperio Romano.

Pero Odoacro y sus seguidores arrianos pronto entraron en pugna con las autoridades católicas romanas y más tarde con las hordas invasoras de los ostrogodos procedentes del este, las cuales ocuparon a Italia bajo la dirección de Teodorico.

Después de menos de veinte años del gobierno hérulo-rugio de Odoacro, éste fue muerto por Teodorico, y los ostrogodos quedaron como amos absolutos de la situación. Los ostrogodos arrianos tuvieron dificultades con el poder católico romano en los años de los sucesores de Teodorico.

Entonces Justiniano, emperador en Constantinopla, vino en ayuda de la Iglesia Católica, cuyo obispo él ya había reconocido como "cabeza de todas las iglesias". Poco antes había conquistado a los vándalos, y entonces envió sus ejércitos a Italia, los cuales combatieron contra los ostrogodos durante veinte años.

En el año 538 los ostrogodos fueron expulsados de Roma, la que ocuparon después sólo transitoriamente, y alrededor del año 554 dejaron de existir como pueblo. Así llegó a su fin la tercera y última de las tribus que les fue imposible vivir en paz con la iglesia de Roma.

Las tribus que quedaron llegaron a ser precursoras de las naciones europeas actuales. O se convirtieron del paganismo al catolicismo romano, o dejaron el arrianismo para aceptar el catolicismo.