En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

16.07. Constantino y el cristianismo - V

La muerte de Constantino puso de manifiesto lo que fue siempre una debilidad de la constitución romana: la falta de una disposición establecida para la sucesión imperial.

El gobierno del imperio pasó a manos de los tres hijos de Constantino: uno tomó la parte occidental; otro, la central; y el tercero, la oriental.

El imperio no fue oficialmente dividido; pero sí lo fue su administración, siguiéndose el ejemplo de Diocleciano, predecesor de Constantino, de una distribución ineficaz.

De los tres hijos de Constantino, uno era arriano; y la iglesia del occidente, muy adversa al arrianismo, soportó sólo durante un tiempo el gobierno de un emperador arriano.