En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

11.04. Los días anuales de reposo - III

Es evidente, por lo que dice el Nuevo Testamento, que después de la muerte de Cristo algunos elementos básicos del judaísmo quedaron sin mayor valor:

1. Los sacrificios de diversas clases, que los hebreos ofrecían como parte del plan de salvación que se iba desplegando ante ellos, ya no fueron necesarios.

2. La circuncisión, marca que llevaban los varones hebreos desde antes de que tuvieran uso de la razón o que se practicaba en los adultos que aceptaban la fe judía, no fue más exigida como muestra de adhesión a la comunidad de los fieles (Hech. 15). Este rito desapareció con el primer advenimiento del Señor, pues después de que viniera Cristo ya no hubo un único grupo con el cual Dios hacía su pacto, lo que antes se evidenciaba en los hombres mediante la circuncisión.
La familia de Cristo pasó a estar formada de personas provenientes de todas las naciones, todas las razas, y todas las condiciones humanas (Gál. 3:28-29).

3. Las fiestas anuales, con sus correspondientes días de reposo, eran "sombra de lo que ha de venir", representación del Mesías y de la salvación que proporcionaría a los creyentes. Una vez iniciada la dispensación evangélica la celebración de estas fiestas no tuvo más sentido.

Ya en el concilio de Jerusalén se discutió lo que debía exigirse de los gentiles que se convertían al cristianismo. Se logró el triunfo de la libertad cristiana, los ritos y las ceremonias propiamente de los judíos no fueron más necesarios. Sin embargo, es evidente que por largo tiempo algunos de los cristianos no pudieron aceptar la sencillez y la libertad del mensaje evangélico. A éstos Pablo exhorta a estar "firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres" y no volver a estar "sujetos al yugo de la esclavitud" (Gál. 5: 1).