En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

7.02. EL APÓSTOL JUAN

Se sabe aun menos del apóstol Juan que de Pablo o Pedro.
En los primeros años Juan trabajó con Pedro. Acompañaba a Pedro cuando, mientras iban a adorar al templo, curaron al cojo (Hech. 3). Los apóstoles de Jerusalén enviaron a Pedro y a Juan para que ayudaran a Felipe en la evangelización de Samaria (Hech. 8). Esto fue pocos años después de Pentecostés.
Excepto su mención específica en Gál. 2: 9, lo siguiente que se registra de él en las Escrituras es su propia afirmación de que estuvo "en la isla llamada Patmos", siendo así "copartícipe... en la tribulación" con los que también estaban sufriendo persecución (Apoc. 1:9).
Una tradición digna de crédito (Ireneo, Contra herejías v. 30. 3) dice que Juan escribió el Apocalipsis a fines del gobierno del emperador Domiciano, quien murió en 96 d. C. No hay ningún registro inspirado de lo que le sucedió a Juan durante los sesenta años que transcurrieron entre sus experiencias en Samaria y Patmos.

Si se tiene en cuenta que Juan, después de haber contemplado las extraordinarias y significativas visiones que se desplegaron ante él en Patmos, habría deseado registrarlas inmediatamente, se puede comprender con facilidad cuán afanosamente las redactaría. Entonces debe haberlas enviado tan pronto como pudo al continente para que ese documento estuviera en manos más seguras que las de un preso en Patmos.
Que se lo hizo retroceder en el tiempo y el espacio al ambiente de los antiguos profetas, y que vivió las emociones de ellos mientras escribía el Apocalipsis, se demuestra por el hecho de que una gran parte del vocabulario y aun de sus expresiones se parecen mucho a las de Isaías, Ezequiel y Daniel.

Juan no dice en su Evangelio dónde estaba cuando lo escribió; pero Ireneo (Id. iii. 3. 4) afirma que Juan estuvo en Efeso hasta el reinado de Trajano (98-117 d. C.), y se considera como probable que escribió el Evangelio en esa ciudad.

Según Polícrates, que presidía la iglesia de Esmirna por el año 200 d. C., Juan era un sacerdote "y llevó la lámina [de oro en la frente]" (Eusebio, Historia eclesiástica, v. 24. 3).
Un documento apócrifo, "Los hechos de los santos apóstoles y del evangelista Juan el teólogo", cuya autoridad y veracidad no se pueden determinar, describe con grandes detalles el arresto de Juan y cómo compareció ante Domiciano, en cuyo tiempo el apóstol dio testimonio del Evangelio. Se dice que en presencia de Domiciano bebió una taza de veneno sin sufrir daño, y que resucitó al servidor del rey.
Según Tertuliano, que escribió a príncipios del siglo III, Juan fue arrojado en un tanque de aceite hirviente, y fue sacado sin daño, poco antes de ser exiliado a Patmos (De praescriptione haereticorum 36).

Juan estaba firmemente convencido de la verdad, tal como lo manifiesta vez tras vez en su Evangelio, y, consecuentemente, detestaba la herejía (1 Juan 2:18-19, 22-23; 2 Juan 7-9). Esa aversión suya a la herejía queda ilustrada en un relato que se cuenta de él. Cuando estaba por entrar en cierta casa de baños públicos, en Efeso, supo que estaba allí Cerinto, uno de los llamados cristianos gnósticos. Se dice que Juan, al saberlo, huyó gritando que las paredes de la casa de baños podrían caerse por estar allí Cerinto (Ireneo, Contra herejías iii. 3. 4). Sin embargo, en estas cosas es difícil distinguir lo real de lo fantástico.

El liderazgo de Juan en la iglesia de Efeso inevitablemente debe haberla convertido en un gran centro de evangelización. Los lugares donde la iglesia era más fuerte seguramente cambiaban debido al surgimiento y a la desaparición de los grandes líderes cristianos.
En los primeros años de la dispensación evangélica, indudablemente el centro fue Jerusalén, donde vivían por lo menos algunos de los apóstoles, donde se celebró el gran concilio y desde donde salieron los "enviados" para cumplir sus misiones. Este bien pudo haber sido el caso hasta el año 50 d. C., después de concilio.

Mientras tanto, los misioneros en Chipre y en Cirene habían iniciado una activa y exitosa campaña misionera entre los gentiles en Antioquía y alrededor de ella, y desde allí fueron enviados Pablo y Bernabé en su arriesgada empresa misionera entre los gentiles. A lo menos para llegar a los gentiles, Antioquía debe haber sido un centro de servicio cristiano más o menos a partir del año 44 d. C., y continuó hasta la muerte de Pablo o aún después.

Los años que Pablo pasó en Efeso hicieron que esa ciudad fuera importante para los cristianos. El asignó ese lugar a su discípulo Timoteo, sin duda después de su primer encarcelamiento en Roma. Bajo el liderazgo de ese talentoso joven, esa ciudad sin duda consintió siendo un foco de actividad para Cristo. Cuando Juan asumió el liderazgo en Efeso, la importancia de ese centro debe haber aumentado más.