En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

6.00. JUDAÍSMO EN LA IGLESIA CRISTIANA

Fue inevitable que, tan pronto como la iglesia emprendió una obra misionera de alcance mundial, surgiera entre sus miembros un serio problema.

Los primeros cristianos eran judíos. Conocían la fe judía como la única fe verdadera, y al Dios que en ella se adoraba como al único Dios verdadero. Estaban plenamente convencidas de la inspiración y autoridad espiritual de las Escrituras que habían recibido de sus padres.

Sabían lo que era hacer proselitismo, pero esto significaba incorporar a los gentiles a la comunidad judía, con el entendimiento de que tales conversos tenían que cumplir todas las exigencias judías.

Jesús había basado su obra y sus enseñanzas en las Escrituras.

Había criticado las añadiduras de la tradición, los formalismos, las apariencias e hipocresías de los dirigentes religiosos con que se encontraba, pero insistía en que no había venido a cambiar ni la ley ni los profetas, sino a hacer que sus enseñanzas fueran una realidad espiritual efectiva en la vida de la gente.

Los judíos que seguían a Cristo concluyeron equivocadamente que quienes creían en las enseñanzas de Jesús debían seguir las prácticas de los judíos. Si se convertían en miembros de la secta cristiana, también debían hacerse miembros del gran conjunto del judaísmo.

Por eso los dirigentes del grupo cristiano observaban muy cuidadosamente lo que hacían sus colegas respecto a los gentiles.

Felipe bautizó al etíope, pero éste ya conocía el culto judío pues había ido a Jerusalén a adorar al Dios verdadero en su santo templo.

Cuando Pedro bautizó a Cornelio y a su familia, tuvo que informar a los hermanos de Jerusalén de lo que había hecho.

Aunque Cornelio ya era un creyente reconocido del Dios verdadero, la única forma en que Pedro pudo justificarse ante los hermanos fue con el argumento de que Espíritu Santo ya había aceptado a Cornelio antes de que él lo bautizara.