En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

30.03. Racionalismo y deísmo - III

La insistencia que en el siglo XVIII se puso sobre la razón se aplicaba no sólo a la filosofía y a la religión sino también a la política.

Cuando los "déspotas ilustrados", como Federico II y José II, gobernaban en nombre de la razón, decretaban leyes en bien de sus súbditos; por ejemplo, la esclavitud debía ser abolida porque su abolición era razonable.

Había un deseo general de ilustrar al pueblo y de popularizar el conocimiento científico. Los deístas, muchos de los cuales estaban entre los enciclopedistas, fomentaron ese gobierno ilustrado, especialmente en Francia.

El más elocuente de los deístas franceses fue Voltaire (1694-1778), un inteligente y atrevido crítico que se lanzó a una brillante polémica contra la intolerancia en la iglesia y el Estado y contra las pretensiones de una iglesia dominante.

Voltaire recibió muchísimo la influencia de Newton, pero sus ideas en cuanto a la tolerancia procedían principalmente de Locke y Shaftesbury. Sus ideas concordaban con las de los que se llamaban a sí mismos filósofos, los enciclopedistas, que sostenían que ciertamente Dios existía y que había creado el mundo, pero que todas las Instituciones religiosas son imposturas.

Las afirmaciones de Voltaire eran claras y sumamente ingeniosas, pero el mismo Voltaire no era ni profundo ni metódico, y se puede hacer referencia a su obra como a "un caos de ideas claras". Era un enemigo declarado de las enseñanzas cristianas. Resumía sus puntos de vista afirmando que "el dogma conduce al fanatismo y a la contienda, pero que la moral [ética] conduce a la armonía".

Su contribución máxima fue su valiente y elocuente defensa de la libertad de opinión y libertad de expresión. Abiertamente defendió a los que eran injustamente perseguidos debido a sus ideas. Arriesgó su fortuna y su reputación a fin de rehabilitar a las familias de protestantes, como la de Jean Calais, y de políticos, como el gobernador francés de la India, Lolly-Tollendal que había sido injustamente acusado de malos manejos.

Voltaire era incrédulo porque rechazaba la enseñanza cristiana acerca de la salvación; pero no era ateo. Sus últimas palabras fueron: "Muero adorando a Dios, amando a mis amigos, no odiando a mis enemigos y detestando la superstición" (S. G. Tallentyre, Voltaire in His Letters, p. 222).

Su contemporáneo J. J. Rousseau (1712-1778), de Ginebra, consideraba que la conciencia individual era el centro de la religión. Concebía que el hombre es bueno por naturaleza, pero que se hace malo al relacionarse con otros hombres.

En su obra Emilio, procedió a demostrar que el hombre debía ser educado sobre una base enteramente diferente de la usada hasta entonces.

En su obra Discurso sobre la desigualdad entre los hombres, enseña que el hombre debe cambiar su concepto del mundo y de la justicia en general.

El propósito de El control social, obra suya, es que el Estado debe ser reorganizado basándose en un convenio mutuo entre las diversas clases sociales.

Sus ideas inspiraron directamente al socialismo del siglo XIX. Consideraba que el elemento básico de la religión es el sentimiento.

Para Rousseau el sentimiento era la base de un sistema metafísico, y éste era el resultado de la experiencia bajo la influencia de la filosofía, pero liberado del formalismo mediante una referencia constante a los sentimientos y a las emociones como la fuente primaria de la religión.

Rousseau encontraba la esencia de la religión no en el intelecto cultivado, sino en el entendimiento ingenuo y espontáneo de los indoctos.

Con Rouseau la religión natural tuvo un nuevo significado: "naturaleza", la cual ya no consideró más como universalidad en el orden cósmico, sino como sencillez y sinceridad primitivas en contraste con artificialidad. El racionalismo y el deísmo trataron de eliminar la misma esencia de la religión.

El deísmo no es una respuesta a la pregunta de cómo puede alcanzar el hombre la salvación y obtener la redención y la reconciliación; es sólo un intento filosófico de explicar el mundo.

Uno de los discípulos del racionalismo fue el filósofo alemán Emmanuel Kant (1724-1804), quien destacó los límites del intelecto humano usando los principios de la ética.

Argumentaba que Dios y la realidad del alma viviente son los postulados de la razón práctica. La contribución de Kant, desde el punto de vista religioso y concreto, consiste en su insistencia sobre el deber y el hecho inmutable de la ley moral de Dios.