En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

24.05. Inquietud intelectual

El reavivamiento de la cultura liberal y un nuevo espíritu de examinar bien las cosas, ayudó a desenmascarar ciertos documentos fraudulentos que se habían usado durante unos ocho siglos para fundamentar la autoridad de la iglesia; por ejemplo, las Seudodecretales de Isidoro y la Donación de Constantino.

El vacilante fundamento de los sistemas medievales fue afectado por la nueva forma de pensar.

Los nuevos conceptos elaborados por los humanistas de la Europa del norte se difundían rápidamente en las universidades y mediante folletos provenientes de las prensas de Basilea y París.

El entusiasmo por la nueva cultura fue también un estímulo y una amenaza para los cristianos; un estímulo, porque ofrecía posibilidades casi ilimitadas para la propagación del Evangelio, para lo cual los nuevos inventos eran una ayuda inesperada; y una amenaza, porque el espíritu de crítica escéptica podía minar fácilmente los fundamentos de una fe cristiana positiva.

Esta posibilidad se puso de relieve en la disputa entre Lutero y Erasmo acerca de la libertad de la voluntad humana.

Erasmo sostenía la idea de que la voluntad es libre, mientras que Lutero argumentaba, apoyándose supuestamente en la Biblia, que la voluntad está sometida a servidumbre.

Erasmo no se ganó la confianza de todos los protestantes, y la jerarquía católica colocó sus libros en el Index (livros prohibidos) después del Concilio de Trento (1545-1564).

Desiderio Erasmo - Erasmo de Rotterdam - (1466-1536) es llamado el príncipe de los humanistas. Su viva inteligencia y su vasto conocimiento contribuyeron mucho al movimiento de reforma en su tiempo.

El ideal de Erasmo era llegar a la conciencia de la cristiandad mediante los Escritos Sagrados, y para ese fin publicó (1516) el NT en griego.

El texto estaba acompañado de una traducción literal con anotaciones. Lutero usó este texto en sus conferencias sobre Gálatas, y pudo darse cuenta mediante el texto de Erasmo de las inexactitudes de la Vulgata.

Este texto griego hizo posible que Martín Lutero tradujera el NT en el corto lapso de unos pocos meses.

Alemanes de renombre, como Reuchlin por ejemplo, también contribuyeron al conocimiento y divulgación del Evangelio.

Tomás Moro (o More), el autor de Utopía, concebía en Inglaterra un mundo ideal de felicidad y justicia social, en tanto que Juan Colet, de Oxford, procuraba resolver los problemas de su tiempo por medio de la educación.

Los humanistas, que eran los intelectuales de la era de la Reforma, procuraban llegar a la solución de las dificultades de su época volviendo al modo de pensar de la antigüedad griega y romana.

Sostenían que el hombre puede salvarse por sí mismo, y que la forma en que mejor puede ser ayudado es por medio de la educación y un liderazgo bien instruido.

Colocaban el énfasis del progreso en los medios humanos y no en los divinos.