En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

16.23. División del imperio de Carlomagno

También deben tomarse en cuenta los grandes cambios ocurridos por el año 800, en el que una vez fuera el Imperio Romano.

La mitad oriental del imperio era de habla griega y de pensamiento griego, aunque todavía se consideraba esencialmente romana. Su territorio era mucho menor, pues por el norte lo presionaban los eslavos y por el este y sur las hordas islámicas.

Todo el norte del África, que una vez fuera un centro de cultura latina, estaba en manos de los musulmanes, como también lo estaba España.

El latín, que una vez se habló en todo el Occidente, degeneraba gradualmente y comenzaron a formarse las lenguas romances: italiano, francés, español, etc. Los lombardos germanos y los francos todavía usaban sus dialectos teutónicos.

Carlomagno, el nuevo emperador romano occidental, gobernaba el norte de Italia y el territorio comprendido entre el norte de España, Francia, Bélgica y Holanda hasta los límites de Dinamarca; y hacia el este, aproximadamente hasta el río Elba.

La cultura romana y el latín fueron preservados por la iglesia, la sucesora de la antigua Roma tanto cultural como políticamente.

Carlomagno cometió antes de morir el error político de dividir el gobierno del imperio entre sus tres hijos.

Su intención era que un hijo gobernara la zona central, que aproximadamente abarcaba la región de los Países Bajos, al oeste del Rin, Lorena e Italia; otro gobernaría Alemania, la cual se convirtió en la base del llamado Santo Imperio Romano Germánico; y al tercero le legó Francia y el norte de España.

Esta triple división, que no permaneció debido a la muerte prematura de dos de los hijos del emperador, fue de todos modos el fundamento para las fronteras nacionales de la Europa medieval; pero también se produjeron rivalidades, disputas y conflictos que mantuvieron agitada a la Europa occidental.