En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

1.08. LA COMISIÓN EVANGÉLICA

1. Ir a todo el mundo.
El fracaso del pueblo hebreo, como pueblo escogido para ser una nación de sacerdotes que llevara la verdad de Dios al mundo (Exo. 19: 6), sería reparado por la iglesia (1 Ped. 2: 9).

2. Enseñar.
La obra de la iglesia habría de ser, básicamente, una misión de enseñanza. Debían enseñar lo que enseñó Jesús (Mat. 28:20), basándose -como se habían basado las enseñanzas de Jesús- en la revelación de Dios en el Antiguo Testamento (Luc. 24: 27, 44). Suponer, como algunos lo hacen, que Jesús durante esos cuarenta días dio a la iglesia un conjunto de instrucciones que no están registradas en las Escrituras, que autorizan cualquier práctica que pudiera aparecer en determinado sector de la iglesia en años posteriores, es adoptar en su totalidad la teoría de la iglesia "tradicional". Hacerlo significa remover los límites definidos que deslindan el conjunto de las enseñanzas reveladas de Cristo, lo que daría origen a una amplia zona abierta para colocar - bajo la supuesta protección de las enseñanzas de Cristo - doctrinas y prácticas que sólo tienen autoridad humana.

3. Bautizar a los conversos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Aquí surge de nuevo la iglesia tal como estaba en el pensamiento de Jesús. Debe haber una iglesia que cumpla la comisión; una iglesia que reúna los resultados del cumplimiento de esa comisión. El bautismo, rito inicial para los conversos, debía ilustrar y llevar a la práctica los motivos que Jesús tuvo cuando él fue bautizado, y debía ser por inmersión para expresar el significado de la muerte a la vida antigua y la resurrección a la vida nueva.

Después, cuando Cristo estaba por dejar a los discípulos, les prometió su compañerismo continuo. Siempre estaría con ellos desde ese momento y hasta el fin de los siglos; este "fin" pronto lo definirían los ángeles que aparecieron durante la ascensión como el momento del regreso de Cristo.