Cuando volvieron se reunió el concilio de Jerusalén, cuyo registro se halla en Hech. 15. Después de esto Pablo y Bernabé hicieron planes para realizar otro viaje. Bernabé deseaba llevar otra vez a Juan Marcos, pero como éste los había dejado en el viaje anterior, mientras Pablo se oponía a que fuera con ellos la segunda vez. El desacuerdo en este asunto entre los dos evangelistas fue tan grande, que Pablo y Bernabé tomaron caminos diferentes. Bernabé fue a Chipre en compañía de Juan Marcos; y Pablo, con Silas, por tierra viajó hacia el norte pasando por Siria y Cilicia, su provincia natal.
Luego continuaron visitando algunas de las iglesias del interior, que Pablo había organizado en su primer viaje. Después viajaron hacía el oeste con el plan de entrar en la provincia de Asia, limítrofe con el mar Egeo, pero el Espíritu Santo les prohibió hacerlo; y cuando intentaron entrar en Bitinia, el Espíritu otra vez se los prohibió. Estas dos provincias parece que fueron evangelizadas por el apóstol Pedro (1 Ped 1:1).
Cuando se dirigieron a Troas, en una visión se instruyó a Pablo y a Silas que continuaran hasta Macedonia, desde donde pasaron a Grecia predicando el Evangelio, y llegaron al sur, hasta Corinto. Desde aquí Pablo viajó en barco a Efeso, luego siguió a Cesarea, en Palestina y finalmente a Antioquía de Siria.