Para ese tiempo los cristianos habían crecido en popularidad y aumentado extraordinariamente en número.
Este aumento continuó en los años de relativa paz que siguieron a la persecución del tiempo de Valeriano, paz que terminó con la severa persecución desatada por Diocleciano y Galerio, la que comenzó en el año 303 d. C. y continuó durante diez años.
Esta persecución señaló otro cambio de política, en el sentido de que representó un intento de completo exterminio. Fue un caso de guerra entre acerbos enemigos. En esa guerra perdió el imperio pagano.