En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

26.02. Juan Calvino - I

Juan Calvino (1509-1564) pertenece a la segunda generación de reformadores.

Comenzó su obra en Ginebra cuando Lutero virtualmente ya había terminado su tarea. Nació en la provincia de Picardía, en el noreste de Francia, y estudió humanidades en París y leyes en Orleans y Bourges.

Llegó a la convicción de que la seguridad del perdón y la certeza de la salvación deben encontrarse en la Biblia.

Mientras estaba en la Universidad de París también estudiaba allí Ignacio de Loyola, fundador de la orden de los jesuitas.

Calvino se sentía dominado por el humanismo. Como estaba dotado de una mente perspicaz, influida por la sabiduría del pasado, si hubiese podido escoger a su gusto habría elegido la carrera de humanista antes que la de reformador religioso. Escribía con elegancia en latín, como lo testifica su comentario sobre De Clementia de Séneca. Tenía sólo 23 años de edad cuando esa obra atrajo la atención de los principales humanistas.

No se puede decir con exactitud cuándo y cómo Calvino se hizo protestante. Su trato con Erasmo y Lefevre d'Étaples, sus relaciones en Orleans, la lectura de los libros de Lutero y la influencia de Pedro Roberto Olivetán y algunos de sus maestros, influyeron en su conversión.

Mientras era adolescente, su padre había comprado algunos beneficios eclesiásticos para él; pero en 1534, a la edad de 25 años, renunció a sus beneficios eclesiásticos cuando se negó a ser ordenado sacerdote.

Calvino salió de Francia y fue a Basilea, donde publicó en latín la obra Institutio Religionis Christianae. Tenía sólo 26 años cuando la escribió. Esta obra es, con gran ventaja, la más influyente de la enseñanza protestante. Tradujo ese libro al francés y lo revisó en 1541. Más tarde Calvino revisó y amplió su Institución hasta que llegó a su forma final en 1559: un libro de 83 capítulos que sólo tuvo seis en su primera edición.

La Institución sigue el orden del credo de los apóstoles, y trata de (1) el conocimiento de Dios como Creador y Soberano, (2) el conocimiento de Dios como Redentor en Cristo, (3) los medios por los cuales se puede obtener la gracia de Cristo y (4) los medios usados por Dios para conducirnos a Cristo.

Aunque las ideas de Calvino no eran del todo nuevas, presentó en una forma novedosa lo que él pensaba que había sido enseñado en la iglesia cristiana antes de que la Iglesia Católica Romana alterara las enseñanzas básicas de los apóstoles.

La Institución es la presentación sistemática más abarcante de la fe protestante que jamás se haya escrito. Por supuesto, Calvino consideraba que las Escrituras son el registro fidedigno de las obras de Dios. Todo el sistema de Calvino se basaba en la voluntad soberana de Dios que todo lo trasciende.

Dedicó esta obra monumental al rey de Francia, ante quien procuraba presentar a los cristianos evangélicos como leales ciudadanos en vez de subversivos, como los acusaban sus enemigos.