En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

23.02. Intentos de reformar la iglesia

El papado, que Bernardo de Claraval y otros místicos deseaban que fuera esencialmente religioso, era en sí mismo una causa de desunión.

Los papas habían encontrado muchos medios condenables para enriquecer los cofres de la iglesia; había aumentado muchísimo la simonía.

Una iglesia, cuya mentalidad se había materializado por completo, creaba y ofrecía en subasta, uno tras otro, cargos lucrativos al mejor postor.

Además, los papas se imponían ante los reyes como árbitros y exigían que las diferencias políticas fueran sometidas a su arbitraje. Las controversias de los papas con los poderes seculares condujeron al papado a una división embarazosa, y finalmente hubo tres papas que simultáneamente exigían la cátedra de Pedro.

Los concilios de la iglesia pudieron resolver los problemas referentes a la sucesión papal, pero no el más básico de todos: la reforma moral.

El Concilio de Basilea, convocado en 1431, trató infructuosamente durante 17 años de reformar los abusos de la iglesia que la habían llevado a una completa bancarrota moral, un hecho que la mayoría de los clérigos reconocían deploraban.