En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

23.01. Condiciones anteriores a la Reforma

La iglesia predominaba en todo durante la Edad Media: en el Estado, en la sociedad, en la ciencia, en el comercio, en la literatura y en las artes.

Afirmaba que su poder se extendía aun más allá de la tumba y que podía abrir o cerrar las puertas del cielo.

La gente prácticamente nacía en la iglesia; ser ciudadano significaba ser miembro de la iglesia.

Desde el siglo VI hasta el XII el papado llegó a ser, aunque no sin contratiempos, poder más centralizado en la cristiandad occidental, y alcanzó su cumbre máxima el siglo XIII; pero en los siglos siguientes hubo síntomas siempre crecientes de su desintegración.

La gente tenía una preparación espiritual muy deficiente, y aumentaban las dudas y la confusión. La filosofía griega y el pensamiento pagano saturaban la teología, y se produjeron controversias.

Muchos papas estaban más interesados en las guerras y en las artes que en sus deberes espirituales como dirigentes.

Estas circunstancias, es cierto, fueron combatidas por algunos líderes y pensadores como el místico Bernardo de Claraval (o Clairvaux).