En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

16.16. Surgimiento del papado monárquico

El siglo VI presenció un notable aumento del poder papal.

El papado era débil y estaba dominado por el emperador Justiniano, de Constantinopla, el que había ordenado la destrucción de los vándalos en el norte del África y de los ostrogodos en Italia.

La eliminación de esas dos tribus germánicas fue lo que abrió el camino, en gran medida, para el desarrollo del poder papal, y lo que preparó el terreno para el grandioso pontificado del papa Gregorio, llamado "Magno", de 590 a 604.

Gregorio sistematizó el ritual de la iglesia y promovió el monasticismo, que gradualmente alcanzó popularidad en el Occidente, aunque todavía era visto con cierto recelo.

Este papa se interesó mucho en la actividad misionera, y fue quien envió en 597 al monje italiano Agustín a Bretaña para que introdujera el catolicismo romano; pero el cristianismo ya se había arraigado firmemente mucho antes en Bretaña.

Gregorio organizó tropas para la defensa de la ciudad de Roma contra los lombardos, quienes eran una espina para el papado y al mismo tiempo una verdadera amenaza para su poder.

Virtualmente se convirtió en el gobernante civil de Roma y sus territorios circundantes, sustituyendo prácticamente al débil exarca de Ravena, quien debía gobernar a Italia en nombre de los emperadores bizantinos.

Desde esa época el papado continuó aumentando su poder a pesar de que hubo algunos papas débiles; entretanto, la influencia del emperador de Constantinopla disminuía continuamente en
Occidente, y finalmente se desvaneció.

La diferencia entre el cristianismo occidental o latino y el oriental o griego, se acentuaba más y más.