En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

16.13. El arrianismo

La herejía arriana fue un problema para el catolicismo romano y el papado más en el nivel político-eclesiástico que en el espiritual y teológico.

Los arrianos declaraban que tenían sólo un Dios, el Padre, y aceptaban a Jesús como a un ser creado, que había pasado a ser divino.

Esta enseñanza era presentada como mucho más simple que el trinitarismo, y por eso las tribus paganas germánicas habían aceptado más fácilmente el arrianismo.

Sin embargo, la rama arriana del cristianismo nunca perfeccionó una organización eclesiástica completa, como lo hizo el catolicismo romano en la jerarquía papal, y parece haberle faltado la agresividad misionera de la Iglesia Católica Romana de los siglos IV, V y VI.

El catolicismo romano sufrió sus máximas dificultades con la agresiva herejía arriana cuando ocuparon el trono los hijos de Constantino, uno de los cuales era arriano.

Esto sucedió a mediados del siglo IV, cuando, en una ocasión, un obispo de Roma en realidad fue inducido a aprobar la enseñanza arriana.

El arrianismo continuó con más empuje en el Oriente, y debilitó por un tiempo a la Iglesia Griega Ortodoxa.