En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

15.02. La extensión del mensaje evangélico

Hay una declaración impresionante en los escritos del apóstol Pablo.

El habla de "la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación ['a toda criatura', BJ] que está debajo del cielo" (Col. 1:23).

Este es un indicio bastante claro de que el progreso de la obra misionera de la iglesia no se medía en los primeros años por las iglesias establecidas que se conocen históricamente.

Hay suficiente base para creer que con el poder del Espíritu de Pentecostés y con el celo y el valor de los apóstoles, el mensaje del Evangelio fue llevado rápidamente a todo el mundo conocido.

Aunque no dio como resultado en todas partes el establecimiento de comunidades cristianas permanentes, cumplió con el propósito de amonestar a los hombres para que creyeran en el Mesías que había sido crucificado, y había resucitado y ascendido al cielo donde estaba cumpliendo su obra de mediación para todos los que creyeran en él.

Si fue así, debe pensarse que es algo paralelo con el mensaje de amonestación que debe ser predicado al mundo entero antes de la segunda venida de Cristo:

"Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (Mateo 24:14).