En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

13.01. Religiones tribales

Las religiones paganas eran, por naturaleza, locales o tribales.

Había dioses de las ciudades y dioses del campo, dioses de las montañas y dioses de los valles (1 Reyes 20:22-30).

A medida que las familias, los clanes y las tribus constituían lo que hoy llamaríamos naciones, ciertos dioses o grupos de dioses llegaron a ser considerados como deidades nacionales.

Los romanos reconocían nítidamente esta distinción. Por esto, a medida que ensanchaban su imperio, fueron suficientemente sabios como para practicar la tolerancia. No sólo permitían que los diversos pueblos retuvieran, hasta donde fuera posible, las formas locales de gobierno propio, sino que también les permitían que conservaran sus dioses.

Debían, eso sí, incluir en su nómina de dioses a las principales deidades de Roma, para que éstas no se airaran, y para que los pueblos sujetos a Roma no se sintieran inducidos por su religión a rebelarse contra el régimen romano. Pero junto con esas estipulaciones se les permitía que continuaran con sus propias formas de culto.

Los romanos, viendo que les era ventajoso tener más y más dioses que consideraran favorablemente a Roma y a su progreso por todo el mundo, añadían dioses extranjeros a su panteón.