En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

12.03. Los nazarenos

Los primeros escritores cristianos no mencionan esta secta; sólo lo hacen los escritores de los siglos IV y V, como Epifanio, Jerónimo y Agustín.

Se refieren a los nazarenos como una secta cristiano-judaica representada por los cristianos que huyeron a Pella en ocasión de la destrucción de Jerusalén (Epifanio, Contra herejías i. 2, Herejía xxix. 7).

Se dice que creían en la obligación universal de obedecer la ley, y que condenaban a Pablo como transgresor. Sin embargo, a diferencia de los ebionitas, parecen haber aceptado a Jesucristo como el Hijo de Dios en un sentido especial.
Aunque es difícil hacer una nítida distinción entre los nazarenos y los ebionitas, quizá los nazarenos estuvieron un poco más cerca del cristianismo ortodoxo que los ebionitas.