En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

4.02. LA PERSECUCIÓN

El apedreamiento de Esteban desató una ola de persecuciones instigadas por los dirigentes judíos de Jerusalén contra la "secta" cristiana. Aunque resulte extraño, los apóstoles que permanecieron en Jerusalén al parecer no sufrieron personalmente; pero hubo un gran esparcimiento de cristianos por Judea y Samaria. Antes había habido persecución, como la que causó la conmoción ocasionada por la curación del cojo, sanado por Pedro y Juan; pero esta vez la persecución fue general y grave. La violencia con que se produjo dio a la iglesia una gran oportunidad de manifestar en un territorio más amplio el poder recibido en Pentecostés, y de llevar a la práctica más plenamente la comisión que le había dado su Señor.

Un caudillo de la persecución fue Saulo de Tarso, joven fariseo que había estudiado bajo la dirección del gran teólogo judío Gamaliel I. Los dirigentes judíos esperaban mucho de Saulo, pues demostraba que era un acerbo perseguidor de los cristianos (Hech. 22:4-5; 26:9-12). Mientras los cristianos iban "por todas partes anunciando el evangelio" (Hech. 8:4), Saulo consiguió una carta del sanedrín para los dirigentes judíos de la ciudad de Damasco, carta que lo autorizaba para dirigir a los judíos en un decisivo ataque contra loscristianos de esa importante ciudad. Cuando ya estaba cerca de Damasco para cumplir con esa misión, la voz del Señor le habló desde el cielo y le aconsejó que cambiara el rumbo de su vida.
Saulo (que en hebreo significa " pedido" o “anhelo”), o Pablo (gr. Paulos; del lat. Paulus, un nombre romano que significa "pequeño"), como se lo conoce mejor ahora, se convirtió al Señor Jesucristo y llegó a ser un incansable misionero evangelista.