En el juicio final,

los hombres no serán condenados porque creyeron concienzudamente una mentira, sino porque no creyeron la verdad, porque descuidaron la oportunidad de aprender la verdad. No obstante los sofismas con que Satanás trata de establecer lo contrario, siempre es desastroso desobedecer a Dios. Debemos aplicar nuestros corazones a buscar la verdad. Todas las lecciones que Dios mandó registrar en su Palabra son para nuestra advertencia e instrucción. Fueron escritas para salvarnos del engaño. El descuidarlas nos traerá la ruina. Podemos estar seguros de que todo lo que contradiga la Palabra de Dios procede de Satanás.

1.06. LA RESURRECCIÓN

"La paga del pecado es muerte" (Rom. 6: 23).
Pero la muerte no podía retener al Señor en el sepulcro (Hech. 2: 24) porque él tenía vida divina en sí mismo (Juan 5:26; 10:17-18), porque el Padre lo levantó (Hech. 2:4; Mat. 28: 2-4) y porque como no había pecado (1 Ped. 2:22) la muerte no tenía ningún derecho sobre él.

Cuando resucitó, después de haber gustado la muerte por todos los hombres y de vencer la tumba, dio vida a todo ser humano: "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados" (1 Cor. 15: 22). Tan completa y eficiente fue la victoria de Cristo - Ser inmaculado - sobre la muerte, que su resurrección se convirtió en el tema de la iglesia apostólica; y Pablo, contemplando por anticipado el segundo advenimiento, exclamó: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (1 Cor. 15:55). La vida, la dádiva que Cristo dio a Adán en la creación, se convirtió otra vez en su dádiva particular, ofrecida gratuitamente a cada hijo de Adán que, de otro modo condenado a muerte, podía ahora aceptar la vida del Salvador resucitado (Rom. 5:10; 8:11).